El Andorra de Eder Sarabia esperaba un duelo especial, pues acogió en su propio escenario a una parte vinculada a su pasado, al Betis Deportivo. Los locales buscaron mantener el invicto en casa mientras que el filial verdiblanco no quiso tirar la toalla en sus intentos por salir del pozo. Sin embargo, el frío les sentó mejor a unos que a otros y los visitantes se tuvieron que conformar con la mantita para volver al sur.

En la primera mitad del encuentro quedó bastante claro que el Andorra era -y es- muy superior en cuanto a veteranía. Los de Manel Ruano se encontraron a una plantilla muy experimentada y pronto sufrieron las consecuencias. Sergio Molina aprovechó la recuperación y asistencia de su compañero Marc Aguado para sorprender a Rebollo con un zurdazo y abrir la lata con tan solo tres minutos de juego.   

Aunque los de las Trece Barras no bajaron los brazos, continuaron sufriendo un largo rato por las embestidas del cuadro andorrano. La tuvieron Manu Nieto y Marc Fernández en el mismo minuto y rato después probó el primero de ellos con un disparo lejano aprovechando que el meta verdiblanco estaba adelantado. Y es que la presión alta de los de Sarabia puso en apuros a la zaga bética, la cual intentó mantenerse sólida para buscar el empate. Lara fue el que probó suerte con un tiro lejano antes de pasar por los vestuarios, pero el electrónico se mantuvo.  

El Andorra no tardó en ponerse manos a la obra en el segundo tiempo. Aprovechando la banda izquierda, Molina la puso al punto de penalti y Marc Fernández le hizo el segundo a un Rebollo, al que le estuvieron buscando las cosquillas otros 45 minutos más. Después de esto y de otro gol en contra anulado, Manel Ruano se decidió a mover el banquillo y apostó por la pareja Raúl-Mizzian en ataque buscando un giro de guion. 

Y, aunque Mizzian contó con la más clara del partido, la historia cambió poco. Además, en los últimos minutos, se vivió un asedio por parte de los locales. Doble ocasión de Carlos Martínez, una gran jugada de Bover… Ambos pupilos quisieron poner la sentencia en el luminoso, pero la tortura fue suficiente para unos verdiblancos que no están acostumbrados al frío y poderío del norte y se vuelven a casa de vacío y sintiendo de nuevo la cruda realidad.